viernes, 18 de marzo de 2011

Colombia: La Guerra en el Mar


18 de marzo de 2011 (www.fuerzasmilitares.org).- Siete de la mañana. El sol brilla con intensidad, pero la orden es imaginar que estamos arropados por un manto de niebla que impide ver más allá de unos cuantos metros. 

Una vez sueltan los cabos (cables) de amarras de las "bitas" de acero plantadas en el borde del muelle, se escucha la voz del comandante: "Atrás, cuarenta revoluciones".

Tres pitadas: marcha atrás.

—Máquina, cuarenta revoluciones —responden del compartimento de controles y comenzamos a movernos lentamente. 

—Para máquinas.

—Máquinas paradas.

Ahora el buque se mueve con la viada (impulso) para caer a babor (girar a la izquierda).

—Centro el timón —ordena el comandante desde el puente.

—Timón al centro —responden de abajo.

—Todo el timón a babor.

—Timón todo a babor.

—Avante, sesenta.

—Sesenta avante.

—Así como va... 

—Visibilidad, cien yardas —anuncian. 

El buque entra en zafarrancho de baja visibilidad. Periscopios abajo. Toda la información se concentra dentro del submarino y desde allí le aconsejan al comandante —ubicado arriba—, cómo se debe llevar la navegación. 

En adelante se escucha una pitada larga cada dos minutos.

El comandante, el oficial de guardia y el vigía que navegan en lo alto de la vela del submarino —el puente—cambian su lenguaje: en adelante se trata de informar al interior del submarino lo que escuchan y observan alrededor. Abajo están activos el radar, el sonar, cuatro secciones, treinta y siete tripulantes formando un equipo que trabaja en forma milimétrica. 

—En el mar hay dos tipos de embarcaciones: los blancos y los submarinos. 

Y otra sentencia: 

—El arma del submarino es la sorpresa. 

Unos minutos antes de comenzar a navegar sobre la superficie en busca de mar abierto donde debe realizarse la inmersión, 330 pies de profundidad (unos cien metros) área Zulú, (cercana a Cartagena), los tripulantes de este submarino de 54 metros de largo (se dice eslora), se plantaron en el muelle: 

A ti, Oh grande y eterno Dios, 

Señor del cielo y del abismo 

a quien obedecen los vientos y las olas...

La oración del marino. Luego vino la Cédula de Navegación, es decir la asignación de puestos que debía operar cada uno: 

Cjl: Comandante del submarino ARC Tayrona, capitán de Fragata Herney Gutierrez 

2Cjl: Segundo comandante, capitán de Fragata Álvaro Medina 

Jdi: Ingeniero, capitán de Corbeta José David Espitia 

Jdo: Jefe de operaciones capitán de Corbeta Moog, y así, Odet, oficial de la División de electrónica; Odel oficial División de electricidad; Odnyc, oficial de la División de Navegación y Comunicaciones; Odmo, Odayc, Oe, Oc, Oa, Im, Ie... Todo tan sencillo y tan fácil de descifrar como las decenas de válvulas, grifos, escapes, mecanismos, palancas, pértigas, barras, dispositivos, aparatos, llaves, registros, tuberías terminales, turbinas, generadores, máquinas, motores, testigos, pantallas electrónicas, acomodadas con un orden y una disposición inverosímiles en seis metros de anchura (se dice manga). Hacia afuera no se ve absolutamente nada, el submarino es hermético, pero, pese a la estrechez, allí realmente hay orden y espacio para todo, menos para un error.

Y si adentro no se ve nada del mundo exterior tampoco se escucha nada diferente al sonar. Pero es que tampoco se ve más allá de los colores de números, líneas y signos en pantallas y monitores. Para quien no es marino, allí no pasa nada. Parece que el buque estuviera detenido. No hay ningún movimiento, no se aprecia el cabeceo o el balanceo de un buque de superficie. Por los monitores tampoco es posible ver nada del fondo del mar.

Adentro, en cada compartimento, un oficial y un suboficial realizan un chequeo, punto a punto de cada sistema como hacen en los aviones antes de moverlos hacia la pista, ayudándose por una lista realmente larga que permite no olvidar una sola ficha. 

Como a otros, vi de cerca al oficial de torpedos recorrer todo su compartimento y constatar muchos, muchos ítems de la lista de verificación: como que el 71 que es el dren de alojamiento de la balsa número uno estuviera cerrado, igual que el dren de alojamiento de la balsa número dos. 

—Evacuación tanque de compensación de torpedos, uno, cerrar.

—Cerrado...

—Válvula de mar, tanque de compensación de torpedos y válvula igualadora de los tubos lanzatorpedos, cerrar.

—Cerrado.

Ahora el ingeniero jefe ordena la prueba de vacío. No puede haber un solo haz de luz en las escotillas o en los tubos lanza torpedos, válvulas o cualquier elemento en contacto con el exterior. Todo se hace en segundos pensando en el momento de la inmersión. Se presume que en cualquier instante van a entrar en guerra. 

Cinco minutos después se abre la escotilla principal y el segundo comandante reporta: 

—Para el señor comandante: bajo cubierta, submarino listo para zarpe.

Y el oficial de guardia que está en el puente con el comandante: 

—Sobre cubierta y puente, listo para zarpe.

—Ocupar puestos para zarpe.

La gente tripula los puestos tal como en la Cédula.

—Máquinas listas para propulsar. 

—Atrás, cuarenta revoluciones.

—Cuarenta revoluciones atrás... 

Jamás había visto una relación humana tan normal en un grupo como en el de este submarino. Es igual en todos, en todo el mundo, explica el comandante. De lo contrario sería un infierno permanecer siquiera un día con su noche moviéndose al lado de otros en un metro de espacio y en el silencio de las profundidades.

Para ser submarinista, el curso inicial, un curso difícil, altamente técnico, científico en algunos aspectos, porque el submarino es una de las armas más complejas del mundo, es el TR-75. Allí han comenzado a compenetrarse todos ellos. Oficiales y suboficiales trabajan siempre en grupo una serie de tareas, un entrenamiento físico muy pesado de horas y horas nadando, cruzando el mar, haciendo labores de alistamiento y estudio, de manera que la misma presión que hay sobre ellos hace que aprendan a conocerse, que sepan hasta dónde va cada uno y hasta dónde van sus compañeros y eso les enseña a trabajar en equipo, a unirse y, ante todo, a respetar los espacios y sus puntos débiles. 

—Lo más difícil de manejar en el submarino nosotros lo damos por descontado, porque todos los que estamos aquí embarcados tenemos un perfil psicológico especial.

—Cuando aspiramos a ser submarinistas —dice un oficial—antes que los exámenes de conocimientos, antes de pasar cualquier otra prueba, para nosotros el examen más fuerte y más exigente es el perfil psicológico del submarinista. Todos los que estamos aquí tenemos un perfil psicológico para submarino. Por ejemplo, nadie maneja un estrés excesivo por estar encerrado en un tubo, veinte o cuarenta días. Pienso que eso es lo más difícil de manejar. Una persona que no esté acostumbrada a este ritmo de vida ni al perfil de nuestro trabajo, pienso que sentiría el encierro como un castigo de verdad.

El movimiento del submarino sobre la superficie del océano, bueno, es fatal. Sencillamente fatal porque se trata de un cilindro. Pero una vez comienza la inmersión, comienza la calma y ya en el fondo la quietud es tal que difícilmente se puede calcular que el submarino esté navegando.

Reposo absoluto, diálogos incomprensibles. Los marinos se mueven realmente en centímetros a lo largo de una nave con una distribución tan soberbia como la disciplina y el respeto a bordo. 

La cocina es pequeña, se come bien, muy bien. Un poco después del mediodía se ordenó zafarrancho de combate: el submarino se convierte en penumbras, ases de luz roja, medias luces. Estamos en el fondo gracias a las aletas del submarino y al peso de dieciocho toneladas de agua en dos grandes tanques a proa (adelante) y a popa (atrás). Los hombres, concentrados en sus instrumentos desde cuando se inició la navegación parecen vigilarse unos a otros. 

—Bueno, digamos que todos se ayudan. No puede ocurrir el menor error.

Se habla con voces muy bajas. El enemigo también posee con qué captar el ruido a bordo, y a eso de las dos y media aquellos diálogos surrealistas adquieren la intensidad de un susurro continuo: 

—Señor: tenemos un contacto en marcación dos, siete, uno. Está clasificado como un contacto enemigo. Velocidad del blanco estimada entre los siete y los catorce nudos. El alcance del sonar es de veinte mil yardas. Fue detectado hace un minuto. 

—Recibido.

Con el ruido que está escuchando, el sonarista puede saber cuántas aspas tiene el blanco en velocidad (ruido de la máquina).

—Minuto dos: el contacto ha aumentado velocidad a diecisiete nudos, dice una voz.

—Minuto tres: dos, seis, ocho punto cuatro, señala otra.

—Control de tiro alistarse para disparar torpedos uno y dos.

—... dos, seis, siete punto ocho.

—Noventa y cinco segundos. Dos, seis, siete punto tres.

—Recibido.

—Minuto cuatro: dos, seis, siete punto cuatro.

—Interrogativo decibeles del contacto...

—Cincuenta decibeles.

—Comandante, el contacto se sigue acercando. Con el nuevo rumbo debe generar una rata de variación de marcación hacia la izquierda.

Informan que el blanco está haciendo un zigzag para evitar la detección del submarino.

—Dos, seis, siete punto ocho —continúa cantando la voz.

La Flotilla de submarinos en Colombia es una fuerza pequeña en la cual no pasan de doscientos hombres entre oficiales y suboficiales. Una familia en la que todos, no solamente se conocen, digamos, en forma muy íntima, sino conocen también a sus familias, saben de sus hijos. Sus mujeres también se conocen y también parecen una desde aquel día que comenzó el curso en la Escuela. 

El zafarrancho 

—Para el señor comandante se reporta el ploteo geográfico solución del blanco, así: rumbo dos, cinco, uno. Distancia diez mil quinientas yardas. Velocidad siete nudos. Etb confirmó la velocidad. El ploteo de la proa lynch también confirmaron el rumbo. Introducir los datos en el sistema control de tiro y todos correlacionan con el blanco que estamos traqueando. Solicito autorización para iniciar secuencia de disparo.

—Autorizado, continúe con el disparo.

—Jefe de operaciones alistar torpedo uno y dos para el disparo al contacto número uno.

—Recibido.

—Torpedos uno y dos, listos.

—Cuarenta y cinco segundos: dos, seis, dos punto nueve 

—Alistarse para minuto nueve 

—Listos para disparo 

—Torpedos, abrir tapabocas...

—Señor comandante, tapabocas abiertos.

—Recibido. 

Desde cuando se inicia el curso lo que se ve son varios muchachos con esa expectativa de ser submarinistas y poder navegar en una unidad de este tipo, dice el comandante Herney Gutiérrez Guarín, un capitán de Fragata, y luego explica: 

—Son dos años metidos dentro del buque conociendo todos los sistemas, válvulas, tuberías, máquinas, y allí empieza uno a tener una amistad muy estrecha con los suboficiales y con los oficiales.

En ese lapso empiezan los compañeros a tener sus novias. Esa primera novia llegó a ser su esposa. Y tuvo después sus hijos y uno va paralelo con ese compañero, ya no en la escuela sino en el mismo buque, de manera que llega uno, digamos como a tener los hijos del compañero, no importa la antigüedad, prácticamente los siente como si fueran sus sobrinos. Hay mucha amistad y respeto. Y lógicamente se respeta la jerarquía de la vida militar.

Estar en este tipo de unidades trabajando, significa una gran compenetración. Es que se necesita ser muy amigos, conocerse mucho y eso lo da el tiempo. Estar metido dentro de un submarino desde hace dieciocho años implica conocerse bien, pero muy bien, no solamente con los compañeros sino con todas sus familias.

—Fuego torpedo uno.

—Torpedo fuera del tubo.

—Torpedo recorriendo distancia de seguridad.

—Recibido.

—Marcación de torpedo, cinco, seis, cayendo a la derecha.

—Recibido.

—Jefe de operaciones verificar adquisición del blanco por parte del torpedo.

—Recibido.

—¿Entrenamiento psicológico? Para estar tanto tiempo en tan pocos metros, tantas personas, sería lógico pensar que sin eso todo el mundo terminaría con los pelos de punta. La convivencia de los seres humanos... 

—Eso no sucede. Nunca. Nunca. Creo que en ningún submarino. Mire: en esto ayudan hasta los exámenes físicos y psicológicos a los cuales uno está sometido en forma permanente. En la escuela de submarinos se prepara uno dos años conociendo el buque. Ese conociendo el buque es muy completo y es conocerse uno también. Hasta dónde mi organismo es capaz de hacer algo. Por ejemplo, un entrenamiento físico como salir en la noche y hacer una prueba de supervivencia, le hace ver a uno hasta dónde puede dar su organismo. Son cosas que uno no sabía y cosas que lo ayudan, y le dan calma y lo hacen cada día más prudente...

—Señor comandante, torpedo realizó detección, está actuando por sí solo...

—Señor: el sonar reporta impacto del torpedo en el blanco número uno.

—Recibido.

—Alistar torpedo dos en el tubo dos.

—Tapaboca del tubo lanzatorpedos dos, abierto.

—Fuego 

—Señor comandante, torpedo fuera del tubo...


Fuente: Soho, Edición Nº 83, por Germán Castro Caicedo

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